martes, 6 de noviembre de 2012

Haz que me rompa en pedazos con el pulso de tus abrazos.

Me senté frente a el, en un banco del parque. Le miré seriamente, enfadada. Hacía meses que no me llamaba, días y días de llantos sobre mi almohada. Estaba enfadada, indignada. No soportaba más la idea de que el se hubiera olvidado de mi, o aun peor, que yo lo hubiera hecho. Nuestras miradas eran tan silenciosas y vacías que comencé a pensar que era cierto, que ya no nos quedaba nada. Comencé a notar caer una lágrima salada rellena con el sufrimiento de su muerte por mi megilla, la limpié y cuando abrí los ojos, el ya no estaba. Volví a recordar aquella tarde de Noviembre en la que sonó el teléfono y me dijeron que había tenido un accidente. Me estaba destruyendo a mi misma, y su apoyo había desaparecio.

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