Caminaba con la sensillez de mis pensamientos. Mi mente se encontraba
en blanco, solo contaba con alguna que otra fotografía suya o su sonrisa
de vez en cuando colándose por mi cabeza.
No entendía la preocupación de las personas por el cambio climático, supongo que nunca habitaron en otro planeta, en ese mundo al que el me llevaba a cada beso, a cada pestañeo. Y allí estaba, esperándome. Como de costumbre yo llegaba tarde, bastante tarde. Pero el sonrió al verme, como si el tiempo no importase, como si solo fuesemos nosotros dos y el espacio hubiera desaparecido. Me acerqué y me rodeó con sus brazos y besó mis sueños, los acarició y volvió a recordarme que el amor es tan simple como nosotros queramos.
Era una tarde clara, el cielo estaba limpio de nubes, y el sol se encontraba lo suficiente friolero como para que el día estuviera a la temperatura adecuada, aunque por alguna extraña razón cada vez que su voz retumbaba en mi piel mi temperatura corporal aumentaba. Y su miraba no dejaba escapar ni un solo beso o "te quiero" de mis labios. Me sentía protegida, en mi hogar. De pronto me abrazó y sin más noté mis pies elevándose, mi cuerpo volaba entre sus caricias. Y cual princesa me balanceó entre nubes de colores, me sujetó con fuerza y a la vez con cuidado, fue el mejor día de mi vida.
No entendía la preocupación de las personas por el cambio climático, supongo que nunca habitaron en otro planeta, en ese mundo al que el me llevaba a cada beso, a cada pestañeo. Y allí estaba, esperándome. Como de costumbre yo llegaba tarde, bastante tarde. Pero el sonrió al verme, como si el tiempo no importase, como si solo fuesemos nosotros dos y el espacio hubiera desaparecido. Me acerqué y me rodeó con sus brazos y besó mis sueños, los acarició y volvió a recordarme que el amor es tan simple como nosotros queramos.
Era una tarde clara, el cielo estaba limpio de nubes, y el sol se encontraba lo suficiente friolero como para que el día estuviera a la temperatura adecuada, aunque por alguna extraña razón cada vez que su voz retumbaba en mi piel mi temperatura corporal aumentaba. Y su miraba no dejaba escapar ni un solo beso o "te quiero" de mis labios. Me sentía protegida, en mi hogar. De pronto me abrazó y sin más noté mis pies elevándose, mi cuerpo volaba entre sus caricias. Y cual princesa me balanceó entre nubes de colores, me sujetó con fuerza y a la vez con cuidado, fue el mejor día de mi vida.
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