Allí estaba yo, en el salón, algo me incitó a ir hasta mi habitación. Entre en aquel cuarto un poco oscurecido por no haber subido la persiana del todo y me tumbé en la cama, me sentía incomoda así que coloqué mis pies sobre la pared y miré al techo. "¿Cuantas veces habré hablado con ella por teléfono en esta postura?" Ains, pequeños brotes de remordimientos en mi interior. No, nada, borrón y cuenta nueva. Abrí el segundo cajón de mi mesilla y allí estaba , el pequeño llavero que él me regalo cuando aun sentiamos un amor fugaz, remordimientos en mi cabeza me hacen desesperar. Cierro todo y cambio de posición, me pongo en pie y allí, en el suelo, está la canica que aquella otra antigua amiga me había regalo. Y entonces, sin mas, me doy cuenta, de que la gente por la que un día decidí que quería dar la vida hoy son solo recuerdos en forma de objetos desesperadamente olvidados.
Pero por suerte, tengo un nuevo camino, una nueva vida que dar, y no pienso arrepentirme de lo que pase esta vez.

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