Allí estaban, sentados, uno al lado del otro en el silencio de la noche, serios. Lo que hace dos meses era la pareja más perfecta del mundo, los que se paraban por la calle al ir andando solo para besarse, cuando hace menos de dos meses no agunataban ni una tarde sin el otro, ahora, sin más, allí estaban serios, mirando a la nada. Y el, entonces rompió el silencio.
-Y .. ahora que?
+Ahora nada, ya está, es lo que los dos queremos no?
-Supongo, yo, ya no te quiero.
+Ni yo a ti.. no se, no... no.
Dejaron de mirar a la nada y observaron los ojos del otro, donde hacía unas semanas había amor, ahora no sabían ya lo que buscar.
+Te quise más de lo que crees.
-Yo por un instante creí amarte.
Se rieron, no por la gracia de sus palabras, si no.. por miedo, miedo a lo que vendría ahora, miedo a ya no ser uno en dos, miedo a admitir que se habían roto el uno al otro por dentro. Miraron al suelo.
-Tal vez podiamos intentar que..
+No, callate, no hay escapación. Dejemos que nos viole el silencio.
El la cogió de la mano y por última vez antes de levantarse e irse para siempre, sus labios se rozaron creando una sinfonía de dolor y recalcada en lágrimas de desesperación.
Ella se dió la vuelta solo quería irse, no aguantaba más esta situación, no, no le quería ya. Pero sabía que el simple echo de vivir sin el, era una pelea vida a muerte entre cabeza y corazón. El la agarró del brazo, la pegó a su pecho y susurro en su oido aquella frase, que unos meses antes le dijo como simbolo de su amor. Se separaron, lloraron juntos durante tres horas tendidos en el suelo y de pronto, se levantaron, rieron, ya no sabían si era por miedo o por la gracia de la situación, de saber que esto era un final... no era un final feliz, pero tampoco triste, sabían que habían echo lo que tenían que hacer, ahora solo tenían que seguir, pero antes, tenían que saber como.
No hay comentarios:
Publicar un comentario