Llevaba toda la semana esperando ver tu nombre conectado, que me dijeses que habías conocido a alguien, que me dejabas, que me olvidaste, que tu y yo solo fuimos un royo pasajero y lo único que se te ocurre decirme es "No pretendí hacerte daño..."
Entonces veo nuestra conversación abierta y me muero de nervios dudo si abrirla y leer lo que escribiste, un horrible escalofrío pasa por mi cuerpo y después de dudar un momento. Hay estoy yo, observando esa frase... "Cuanto te he echado de menos". Maldita dulzura la tuya. ¿Cómo te odiaré tanto?
No hay comentarios:
Publicar un comentario